El descanso del cristiano en Cristo

Person sitting cross-legged on a blanket meditating facing a sunrise and a river winding through a foggy valley

Quizás estamos familiarizados con el descanso. Después de un día laborar largo lo primero que uno desea hacer es descansar.

Una mamá con pequeñitos desea recostarse en el sofá y poner sus pies en alto después de un día largo, aprovechando el poco tiempo que le queda para descansar y disfrutar del silencio.
Un padre agotado, al volver a casa después de un día duro de trabajo desea lo mismo, poder llegar a casa y disfrutar de su familia y descansar de una jornada larga para así, recuperar las fuerzas para el próximo día.

Este tipo de reposo es bueno, todas las personas necesitan descansar.

Sin embargo, para los cristianos, este no es el único reposo, las Escrituras nos ofrecen un reposo que va más allá del reposo físico. Lo que el Señor nos ofrece es un reposo que otorga descanso a algo mucho más grande e importante: Nuestras almas.

Para esto me gustaría que nos enfoquemos en un pasaje particular de las Escrituras.

Prestando mucha atención a lo que Cristo mismo dice sobre el reposo de nuestras almas, en mi opinión, este es un pasaje hermoso, que llena mi corazón de paz y agradecimiento con Cristo, y también me gustaría que pueda llenar tu corazón con el mismo afecto.

En Mateo cap. 11 encontramos al Señor Jesús hablándole a las masas judías, algo que repetidamente sucedía.

Él le hablaba a una generación de personas espiritualmente desgastadas y cansadas.

Durante siglos los fariseos, escribas y maestros de la ley habían tergiversado la ley de Dios, y por si ello no fuera poco, habían creado cientos de reglas adicionales que Dios no había instaurado. Para el judío común, los fariseos eran los que más cerca estaban de Dios, ellos eran los santos, los menos pecadores, los que más devoción tenían por Dios, y los que mejor cumplían la ley. Si había alguien que se merecía el cielo eran ellos.

Pero ¿qué de aquellos que no eran fariseos? ¿Qué podía esperar el judío común? ¿Qué pasaría con aquellos que no eran capaz de cumplir y hacer los que los fariseos si eran capaz de hacer? Y ¿Que de aquellos que sentían un gran peso sobres sus almas a causa de su pecado?

Para ellos no había esperanza. Por lo menos es lo que pensaban. Cristo sabia de este gran peso, de ese cansancio espiritual y de la falta de esperanza. Es aquí donde pronuncia una de las más hermosas palabras que pudieran salir de su boca;

Un error que suelen cometer los creyentes es pensar que este pasaje tiene que ver con un descanso físico, algunos quizás leen este versículo después de un día largo de trabajo para encontrar reposo. Sin embargo, las palabras de Cristo aquí van mucho más allá que un simple descanso físico.

Jesús apunta directo al alma, ofreciendo un descanso espiritual para aquellos que están cansados de tratar de complacer a Dios con sus propias fuerzas. Es verdad que todos necesitamos un descanso físico, es importante para el cuerpo poder reponer sus fuerzas, y hasta cierto punto este versículo nos apunta a eso, pero Dios busca que podamos gozar de un reposo que nunca encontrará fin. Y es aquí donde llegamos a estas palabras de Cristo, que ofrecen justamente esto.
Jesus mismo se pone como fuente de reposo.

Comienza con una invitación, «vengan a mí”. Podríamos concluir que, si Cristo los invita a venir a él, es porque estaban yendo a otro lugar para buscar lo que solamente él les podía ofrecer.

Si volvemos al contexto mencionado anteriormente, es justamente eso lo que estaba pasando, si los fariseos eran el ejemplo a seguir, ellos eran los que estaban cerca de Dios y quizás cumpliendo todas las leyes que habían inventado, entonces la persona común y corriente también podría encontrar descanso.

Pero estos fariseos no eran lo que aparentaban, sus corazones estaban alejados de Dios, sus obras estaban manchadas de hipocresía, vanagloria, y auto jactancia. Sus corazones estaban completamente alejados de Dios, aunque sus obras lucieran correctas.

Cristo, conociendo sus corazones, los confronta:

“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas que son semejantes a sepulcros blanqueados! Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también ustedes, por fuera parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.” (Mt. 23:27 NBLA).

Cristo no disimula, no intenta encontrar un punto medio con ellos, más bien, son confrontados por Aquel que conocía hasta lo más profundo de su ser.
Repetidamente en su ministerio Cristo confronta a los fariseos por su hipocresía, ellos no estaban cerca de Dios, sino que eran los que más alejados estaban.

Jesús descarta a los fariseos como ejemplo a seguir, ellos no serían el estándar.

Por ello, para el judío común la invitación de Cristo era algo grande y diferente, era un llamado a sacar sus ojos de los fariseos y su ejemplo, para ponerlos en Cristo.

Él sería la fuente de reposo con Dios, no las reglas y leyes que los fariseos habían creado. El Dios encarnado era quien ahora les hacia la invitación

Hoy día esta invitación sigue vigente. Es verdad que nosotros no vivimos en el mismo contexto que los judíos del primer siglo, sin embargo, el fariseísmo de muchos grupos religiosos (incluso dentro del cristianismo) siguen distanciando a muchos de la invitación que Cristo ha hecho.

Anteriormente vimos quien hacia la invitación, ahora veremos quienes son los invitados.

Cristo llama a un grupo particular, “Todos los que están cansados y cargados”.

Mi pregunta para ti es, ¿estas cansado? ¿te sientes cargado? ¿estas cansado de lidiar con el peso de tu pecado? ¿sientes que la carga de ganar tu salvación es demasiado para soportar? Si es así, hay un Salvador que te hace una invitación.

Cristo es la fuente de reposo. ¿cómo sabemos? Porque inmediatamente después de la invitación dice, “Yo los haré descansar.”

Si Dios mismo dice que puede dar descanso, entonces no deberíamos querer buscar reposo en ningún otro lugar.

Este versículo nos permite ver el corazón del Señor, nos enseña lo que hay dentro de él. “Yo soy manso y humilde de corazón.” , no dice, “soy distante de corazón» o “soy malo de corazón» sino todo lo contrario.

En su libro, “Manso y Humilde: El corazón de Cristo para los pecadores y heridos” Dane Ortlund escribe lo siguiente,

La mansedumbre y la humildad de corazón son lo que Cristo es de manera constante, firme y eterna, aun cuando toda belleza en nosotros se haya marchitado.”

Cristo es constantemente manso de corazón, esto no cambia a causa de nuestro comportamiento o acciones, él se mantiene firme. Su corazón era opuesto al de los fariseos.

Cristo es constantemente humilde, no buscaba la gloria ni aprobación de otros. Su misión fue complacer al Padre con su vida, lo cual cumplió a la perfección.
Este mismo corazón manso y humilde es el que se acerca a pecadores cansados y abatidos, pecadores como tú y como yo.

En Jesús se encuentra toda fuente de reposo, porque él mismo es el reposo que nuestras almas tanto buscan y necesitan. El gran filosofo y temprano padre de la iglesia, Agustín de Hipona entendió este concepto a la perfección, él dice lo siguiente, “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón esta inquieto, hasta que descanse en ti.”

Si tu corazón esta inquieto, ¿qué estas esperando? Hay un Salvador que tiene un corazón manso y humilde para aquellos que están cansados y abatidos por el peso de su pecado, y quiere darle descanso.

Anteriormente vimos a quién se les hace la invitación, y acabamos de ver el corazón de aquel que hace esa invitación, ahora veremos la respuesta que esta invitación demanda.

En su ministerio Cristo nunca tuvo un área gris, sus palabras nunca buscaron llegar a un punto medio, sino todo lo contrario, forzar a sus oyentes a tomar una decisión.

La invitación de Mateo 23 no es una excepción. Jesús demandaba una respuesta de todo aquel que escuchara sus palabras y hoy, el llamado es el mismo.

Al igual que en esa época, hoy hay millones de personas que buscan complacer a Dios con sus propias fuerzas, piensan que su esfuerzo es suficiente para que los acepte. Intentan seguir reglas que al cumplirlas los santifique, piensan que todo depende de ellos.

En otras palabras, la salvación está en sus acciones. El problema es que nadie es lo suficientemente justo, santo, o perfecto para cumplir con el estándar que Dios ha puesto; la perfección.

Aunque hayan pasado los años, el ser humano sigue siendo el mismo, piensa que mismo puede hacer lo suficiente para ganar su salvación, pero, esto solo resulta en una gran carga que se hace demasiada pesada para soportar. Nadie está por encima de su pecado.

Es aquí donde la invitación de Cristo torna tan bella, porque en medio de la oscuridad y desesperanza, aparece la luz de un Salvador con una simple, pero extraordinaria invitación, “vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.”

No es un llamado a hacer más obras o seguir más reglas, es un llamado a descansar. Su invitación es para todo aquel que reconoce su pecado, todo aquel que ha tratado de cubrir su iniquidad con obras piadosas, y que está cansado de querer llegar a Dios por mérito propio.

Jesús hoy te llama a Su cruz, donde el hombre perfecto ofreció el sacrificio perfecto para reconciliar a seres pecadores y descarriados con Dios.

Cristo demanda una respuesta, no hay excusa válida para no responder. Su invitación es sencilla, es una invitación a dejar tu pecado para aferrarte a él, es una invitación al arrepentimiento, es una invitación a dejar tu esfuerzo para descansar en la obra terminada de Cristo. Solo en Jesús podrás encontrar reposo eterno para tu alma.

Para aquellos que ya están en Cristo, te invito a descansar en el reposo que ya has recibido de Su parte.

Recuerda que todo lo que haces, lo haces como resultado de estar en Cristo. No sirvas solo por costumbre o por obligación. No busques complacer a hombres con tu devoción, sino recuerda la razón de por qué haces lo que haces.

Ahora servimos porque amamos a Dios, amamos a Su Hijo y amamos Su Evangelio.

Ya hemos sido aceptados en Cristo, ahora debemos descansar en esa realidad. Su yugo es fácil y ligero, ¿por qué volver atrás?

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