He seleccionado este título, porque quisiera hablar sobre diferentes cosas, personas, lugares o situaciones que hemos pedido al Señor y todavía no hemos recibido Su respuesta a ellas.
La espera pudiera ser por un trabajo, un cambio del mismo, una diferente posición dentro del mismo, o tal vez, un aumento de salario.
Pudiera ser por la adquisición de una casa, o un cambio de vecindario, cambio de ciudad, de estado o incluso de país.
También la espera pudiera darse por una pareja para matrimonio. La persona que el Señor tiene reservada, no ha llegado todavía.
En el matrimonio pudiera ser que se espera por la llegada de un hijo (tanto varón, como mujer), o de un nuevo hijo, quizás por salud para algún miembro de la familia.
Dentro del ámbito de la Iglesia, pudiera ser que estoy esperando por un llamado en particular, o la confirmación de un llamado, de un ministerio en el que el Señor me use; o de un crecimiento en mi relación con Él, o madurez de en mi carácter, con la finalidad de parecerme cada día más al Señor Jesús.
Finalmente pudiera ser la solución para algún problema específico.
La pregunta que debería hacerme es:
¿Cómo estoy viviendo ese proceso?
Lo he denominado proceso porque realmente es más que un tiempo o una circunstancia, ya que el Señor lo utilizará para ir moldeando nuestro carácter, nuestra fe, nuestra fidelidad, nuestra confianza y nuestra dependencia en Él.
En lo particular quisiera compartir que durante el desarrollo de este tema, me encuentro en un desafío personal, porque estoy a la espera de que el Señor me provea de un trabajo estable, ya que tengo tres años en esta situación, y no ha llegado todavía. Sí puedo contar que, durante este tiempo el Señor ha sido fiel y bueno, siempre me ha provisto con distintos trabajos temporales, y de otras maneras también, mucho más de lo que he ido necesitando. ¡Gloria al Señor por ello!
Pero al igual que muchos de los que leen este artículo, seguimos en la espera de …
Esta es la razón por la que me gustaría instar a que aprendamos esperar, como Dios desea que lo hagamos, y que durante el proceso de espera, glorifiquemos al Señor con nuestro comportamiento.
Mientras espero…
¿Qué estoy haciendo? ¿Qué no estoy haciendo?
¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?
salmo 42: 11
Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez.
¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!
Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.
1 pedro 5: 7
Primeramente veremos el contexto de cada pasaje citado, para hacer una correcta interpretación y aplicación de los mismos.
El salmista se encuentra abatido, apesadumbrado, no se nos dice la razón que lo ha llevado a esa condición, pero si vemos que expresa al Señor por medio de una pregunta a sí mismo, con total sinceridad, como se siente.
Con sus palabras expresa que está abatido… y sabemos lo que esto significa para aquellos que hemos vividos situaciones difíciles…
Pero el salmista sabe Quién es la fuente de paz, de esperanza y la solución a su dolor: ¡El Señor!
Dice «he de alabarle otra vez…» quiere decir que en el pasado ha vivido duros momentos, pero el Señor ha estado con él y lo ha ayudado, lo cual fue motivo de alabanza.
Sabe que va a ser así nuevamente, por ello la confianza y la espera en Dios.
Sabe que solo el Señor es la salvación, primeramente de su vida, también de todas las adversidades y ese es el Dios en el que confía, espera y lo alaba.
Esto no quiere decir que todas las situaciones se resolverán como queremos, pensamos o deseamos, sino que, será a la manera y en el tiempo de Dios.
Esto es lo mejor para nuestras vidas, porque el Señor es bueno, misericordioso, lleno de gracia, sabe todo y quiere lo mejor para sus hijos.
No olvidemos que lo eternal es el objetivo principal, más que lo terrenal, y nuestro Padre lo sabe.
En el pasaje de Pedro, los hermanos estaban ansiosos porque se avecinaban tiempos de persecución y sufrimiento para la iglesia de la época, y el Apóstol les dice que pongan sus cargas en el Señor, porque el tiene cuidado de ellos.
El cuidado de Dios, denota el carácter de bondad y cuidado del Señor por los suyos.
Si bien, gracias a su misericordia, no estamos pasando por una situación idéntica, muchas veces las distintas circunstancias por las que nos toca atravesar, nos producen temor y ansiedad.
Es por esta razón que el principio que vemos en Pedro, es aplicable a nosotros hoy, porque nuestro Padre nos ama y tiene cuidado de nosotros, dándonos esperanza y paz para nuestras vidas.
Sabemos qué, el Señor nos cuida, y qué, estamos en sus manos, por lo tanto veamos,
¿Cómo estoy viviendo? ¿Qué debo y no hacer?
en la espera de respuesta por parte de Dios.
- ¿Es licito inquietarme? Vimos en el salmo que si lo es, pero también vimos que en esa situación debo esperar en Dios, dejando mi ansiedad en Él. Eso no significa pasividad, ni pereza , sino, ser diligente: por ejemplo en el caso de mi trabajo, todos los días oro y pido al Señor por ello, pero salgo a buscar y pregunto a diferentes conocidos al respecto, sabiendo que cuando Dios disponga, me dará el trabajo que tiene reservado para mí. Debo ocuparme del asunto y no preocuparme, porque el Señor tiene el control.
- ¿Qué no hacer en medio de..? Ser rebelde, quejarme, ser impaciente, no saber esperar, tomar decisiones sin buscar la voluntad de Dios. Confiar en mis instintos antes que en el Señor.
- ¿Cuál, cómo o cuándo será Su respuesta? Solo Él lo sabe. Él es Dios, me conoce y quiere lo mejor para mi vida
- ¿Qué esperar como respuesta?
1 En ocasiones será seguir esperando:
Por lo tanto debo seguir perseverando en la oración, confiando sin desmayar, ni perder la fe. Fortalecerme en Él, ser fiel y obediente en medio de la espera. Esto irá fortaleciendo mi fe, podré crecer en dependencia a Dios, conociendo más de sus bondades y me dará más madurez espiritual para cuando reciba la respuesta.
2 Otras veces pudiera ser que conceda lo que le he estado pidiendo:
Si esa ese es el caso, debo agradecer por Su gracia, misericordia y bondad, reconociendo que todas las buenas dádivas provienen de Él. Dar testimonio de lo recibido, para que Su nombre sea exaltado y glorificado.
3 Finalmente pudiera ser que la respuesta fuera “no” o algo diferente de lo que estoy pidiendo.
Aunque es difícil de entender, no tengo que olvidarme que, Él me conoce mejor que yo mismo. De la manera que reaccione, revelará si mi corazón ama a Dios ¿Por lo que es, ó por lo que me da?
Pudiera actuar como un hijo caprichoso, o como un hijo maduro, que ama a su Padre, que lo conoce, y sabe de Su amor y bondad.
No olvidarme que de la manera que responda, le daré o no, gloria a Dios, y esto es de suma importancia, ya que la Biblia nos dice que todo en cuanto suceda, debe ser para la gloria de Dios.
Vemos algunos ejemplos en la Biblia, como el del Señor Jesús que le pidió al Padre pasar la copa de la muerte y sufrimiento, pero luego dijo que se hiciera Su voluntad. Todos sabemos lo que ocurrió, pero por Su muerte es que sus hijos tenemos acceso al Padre.
Otro caso fue el del Apóstol Pablo, que pidió al Señor que le quitara el aguijón en su carne, sin entrar en detalle en el significado de la expresión, la respuesta del Señor fue: …Bástate mi gracia… y sabemos que Pablo permaneció fiel hasta el final de sus días.
No quiero con esto decir que siempre la respuesta del Señor será contraria a nuestra petición, porque si somos honestos y miramos hacia el pasado en nuestras vidas, siempre veremos la fidelidad, provisión, y bondad del Señor, dándonos más de lo pedido o necesitado.
Por lo tanto es de suma importancia, tener en cuenta que, la negativa del señor o respuesta diferente, pudiera suceder, y es allí que debemos comportarnos como hijos maduros, que aman a su Padre bondadoso y lleno de gracia.
La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, más la buena palabra lo alegra.
proverbios 12: 25
Sabemos que la Palabra de Dios no solo es buena, sino que es perfecta y la mejor para confortar nuestro corazón, dando descanso al espíritu abatido, es por ello que te invito a venir a ella, pasar tiempo de estudio y conocimiento, para estar preparados para cualquier momento de espera, dolor o dificultad y que podamos decir como el salmista «…Cuanto amo yo tu Ley…» (Ley = Palabra = Biblia).
Pongamos nuestros temores y ansiedades en nuestro buen Señor Jesucristo, porque el nos cuida.
El Señor es mi Pastor, nada me faltará – salmo 23: 1
