¿Inquietos por el futuro?

Basta con leer los periódicos, escuchar la radio o encender la television, sintonizando las noticias, inmediatamente nos sentiremos sorprendidos, impactados, o tal vez, abrumados en el mejor de los casos, y en casos más críticos, podríamos sentirnos ansiosos, entrar en pánico, con desesperanza, miedo, depresión, no sabiendo lo que traerá el futuro o si realmente podremos sobrevivir ante tanta mala adversidad.

Una aclaración que me gustaría hacer, antes de seguir con el desarrollo del tema, es que, si somos honestos, cada día son más las bendiciones o cosas buenas que nos concede el Señor. Por ejemplo:

  • Un día más de vida
  • Sustento
  • Familia o amigos
  • Las provisiones diarias, etc.

Volviendo al desarrollo del tema, algunos de los eventos, movimientos, situaciones que influyen en nuestro diario vivir, son:

  • Conflictos bélicos: Guerras (Rusia-Ucrania), atentados terroristas (ataque de Hamas en contra de Israel, Isis, por ejemplo), revoluciones o golpes de estado (en Malí, Níger, por ejemplo)
  • Diferentes Ideologías sociales (que por lo general son incorrectas y en algunos casos se tornan agresivas): de género, machismo, feminismo, movimientos raciales, grupos elitistas (de clase social, apariencia, cultural), entre muchas otras.
  • Economía mundial: Vemos en general, colapsar o entrar en recesión a fuertes economías del mundo desarrollado, en otros casos ni siquiera poder sostener una economía que garantice el bienestar de los suyos, lo que finalmente desencadena austeridad, hambre y pobreza.
  • Catástrofes naturales: Terremotos, deslaves, erupciones volcánicas, inundaciones, calor o frio extremo, etc.
  • Pandemias: la más grande y letal de los últimos tiempos, covid (19 y sus variantes), dengue, gripe general, ébola, y podríamos seguir nombrando.

No es la idea detenernos a analizar todos los factores enunciados, sino:

Recordemos que la Biblia ya nos advirtió de ello:

En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Juan 16: 33 b

¡Hay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!

isaías 5: 20

Estos dos pasajes son solo algunos, de muchos otros que el Señor nos revela y advierte en Su Palabra.

Debemos de saber que la razón por la cual se nos dicen estas cosas, no es para atemorizarnos, sino todo lo contrario, es para que sepamos y confiemos que Él es Soberano sobre estos hechos y situaciones; y que estamos en Sus manos, bajo Su cuidado y protección.

El apóstol Pablo lo entendió y lo vivió intensamente en su propia vida (sufrió mucho por causa del Evangelio) y cuando transitaba sus días finales, haciendo una reflexión al respecto, dice:

Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quien he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi deposito hasta aquel día.

2 timoteo 1: 12

Al igual que Pablo, nosotros estamos seguros en el poder del Señor, y sabemos que:

nada nos puede separar del amor CristoRomanos 8: 38

Yo he vencido al mundoJuan 16: 33

Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundoMateo 28: 20

1 – Reconocer mis temores, identificando específicamente a lo que temo.

2 – Admitir si realmente creo que, el Señor es capaz de cuidarme y guardarme.

3 – Hacer un análisis retrospectivo de mi vida, recordarme todas las veces que Dios me cuidó y guardó, en los diferentes momentos de dolor o dificultades.

4 – Buscar diferentes pasajes en las Escrituras, que me ayuden y estimulen a confiar en el Señor, en su bondad, cuidado, poder y provisión.

5 – Buscar el consejo sabio de personas que hayan experimentado la mano y cuidado del Señor en sus vidas (lideres espirituales, familia, amigos, etc.).

6 – Pasar tiempo en oración, presentar los temores al Señor y descansar en Su cuidado amoroso.

El Señor deja muy en claro que sus hijos, los que hemos reconocido nuestros pecados, nos hemos arrepentido y creído en la obra salvífica de Cristo a nuestro favor, no tenemos motivos para temer por nuestro futuro, ya que el mismo está asegurado en Cristo:

1 El Señor es nuestro refugio, fortaleza y pronto auxilio en las tribulaciones, Salmo 46:1

2 Es poderoso para guardarnos sin caída, Judas 1:24

3 Nada nos puede separar de Su amor, Romanos 8:38-39

4 Nunca nos dejará, ni desamparará, Hebreos 13:6

5 Él nos ayuda, no voy a temer, Hebreos 13:6

6 Ponemos nuestra ansiedad en Cristo, porque Él cuida de nosotros, 1 Pedro 5:7

Esto no significa ausencia de conflictos, no sufrir aflicciones, no tener problemas, sino que, el Señor estará con nosotros en medio de ellos y nos sostendrá para que no caigamos, también fortalecerá nuestra fe, para que madure y crezca.

Nuestra tarea como hijos de Dios, es creer en Su Palabra, perseverar en ella, y así podremos afrontar con esperanza el futuro, a pesar de todas las adversidades que vemos cada día, sea en lass noticias o en nuestro diario vivir.

Hay otra actitud totalmente opuesta, que es el pesimismo y que debemos evitar o sobreponernos con la ayuda del Espíritu Santo.

Veamos como se ven estas dos actitudes opuestas:

No tiene fe ni esperanza para el futuro

El futuro depende de lo que pueda o no hacer el mismo.

La ansiedad o el temor moldea su temperamento y su comportamiento.

Piensa que lo que ocurre a su alrededor, tendrá un destino fatal.

Ve el futuro con fe y esperanza

El futuro depende de Dios, y de Su cuidado.

Le entrega al Señor, la ansiedad y el temor. Descansa en Él.

Sabe que Dios tiene el control de todo, y a su debido tiempo, pondrá todo en su lugar.

Como hijos de Dios, sabemos. porque hemos experimentado en nuestra propia vida, la fidelidad, el cuidado, la gracia, el poder, la ayuda oportuna del Señor, en momentos de dolor, dificultad, desesperanza.

Nos rescató, nos fortaleció, nos puso de pie y nos guió amorosamente por su agradable y perfecta voluntad.

Como vemos, si el Señor ha estado conmigo en cada momento difícil que he vivido, entonces puedo estar seguro que, sigue obrando en mi vida hoy, por lo tanto lo hará en el futuro también.

¿De qué o de quién temeré?

El Señor es mi luz y mi salvación;

¿a quién temeré?

El Señor es la fortaleza de mi vida;

¿de quién tendré temor?

salmo 27: 1-2

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