Perseverando en la vida cristiana

Muchas veces, cuando estamos viviendo momentos de adversidad (ya sean problemas emocionales, relacionales, laborales, económicos, etc.) y producto de ello sentimos que nuestra vida se estanca o se hunde, solemos pensar cosas como estas:

  • Lo tendría que haber hecho diferente
  • Debería haberlo pensado mejor
  • No debí hacerlo
  • Si pudiera retroceder el tiempo
  • ¿Por qué no lo hice?

Lamentablemente no podemos cambiar el pasado y en consecuencia de ello, no tenemos esperanza para el futuro.

Es a causa de esto, que, los que «hemos nacidos de nuevo», nuestra vida en Cristo, no puede ser vivida de la manera que a Dios le agrada.

La idea del presente tema es que sin importar por la adversidad que hoy estemos atravesando, podamos vivir una vida que glorifique a nuestro Salvador, sabiendo que no hay pasado, presente, circunstancia o problema que se mayor que lo que Él nos ha dado en Cristo, entendiendo que el verdadero futuro glorioso se encuentra en su persona y que trasciende nuestra vida terrenal.

Si analizamos el contenido de este texto podemos extraer enseñanzas que nos ayudarán a superar el peso de las consecuencias de nuestro pasado.

  • Olvidando lo que queda atrás: Ya sea que los recuerdos de mi vida pasada sean positivos ó negativos, no puedo volver a esa etapa en la que fui muy feliz y revivirla o si fue triste, no puedo borrarla. Si yo comparo mi pasado (haya sido espectacular o muy doloroso/triste) con Cristo, es incomparable. veamos lo que Pablo dice al respecto:

El motor que mueve nuestra vida cada día debe ser el amor por nuestro Señor, quien nos dio vida cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:1), Su amor hace posible entonces que yo pueda tener una vida plena, con un propósito y con una esperanza que trasciende esta vida terrenal. Gloria a Dios por ello!

Si comparamos nuestros mejores logros, momentos o etapas, nunca podremos equipararlas al hecho de conocer a nuestro Señor, con mayor razón nuestro pasado malo o sufrido. De hecho, el Apóstol Pablo, todo ello, lo considera basura al compararlo con Cristo (en el lenguaje griego original dice estiércol en lugar de basura).

Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo – Filipenses 3: 8

  • Extendiéndome a lo que está adelante: El Apóstol cuenta lo que él ha hecho en su propia vida para poder avanzar. Es una frase que denota esfuerzo y sacrificio personal (extendiéndome), pero a pesar de eso, no hay lugar para la duda o el retroceso. El tiene muy en claro lo que ha recibido de Dios, el propósito de su salvación y el llamado a proclamar la buenas nuevas del Evangelio. Todo esto es mucho más que suficiente para estimular a una persona que ha entendido lo que ella era antes de encontrarse con Jesucristo resucitado, y que todo lo que ha recibido es por la gracia del Señor. Es importante destacar que esta carta de Filipenses, Pablo la escribe desde una prisión, y a pesar de ello, su gozo y agradecimiento por lo recibido, es el motor que mueve su vida, la cual la vive completamente para obedecer, honrar y glorificar al Señor, de quien lo ha recibido todo.

Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio; aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús – 1 Timoteo 1: 12-14

  • Prosigo hacia la meta: La meta final y suprema de todo cristiano es un día poder encontrarnos con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, lo que significa que estaremos en la presencia de Dios mismo: El creador de todo lo que existe, el Dios todopoderoso y eterno, es a quien finalmente podremos ver cara a cara! No hay nada de la creación, por más grandioso y majestuoso, que sea, que pudiera compararse con esto. Es el mayor de los tesoros para aquellos que amamos a nuestro buen Señor.

Ellos verán Su rostro y Su nombre estará en sus frentes – Apocalipsis 22: 4

Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios –Mateo 5: 8

  • El supremo llamamiento: Entendemos esto como el vivir una vida con un propósito, el cual nos ha sido revelado muy claramente en la Escritura y se trata de vivir en obediencia a la voluntad de Dios, apartado del pecado, imitando la vida ejemplar que nos dejó nuestro Señor Jesucristo. Pablo nos dice que Dios ya ha preparado esa vida de antemano, para que la vivamos.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas – Efesios 2: 10

El Apóstol Pedro nos dice en una de sus cartas, que todo lo que necesitamos para vivir una vida que cumpla con cada uno de los puntos que hemos visto, ya lo hemos recibido:

¿Qué hace que no podamos vivir esa vida?

Si somos sinceros muchas veces tenemos problemas para vivir una vida que percevere y de gloria a Dios, porque nuestro carácter personal, o las circunstancias de la vida (distintos tipos de dificultades), se sobreponen a uno o más de los puntos que hemos explicado anteriormente: No dejamos atrás nuestro pasado, no nos esforzamos lo suficiente para cambiar y avanzar; la meta no la vemos deseable para alcanzarla y no tenemos muy en claro o no le damos la suficiente importancia a nuestro llamamiento.

Esta es la razón por la que escribo el presente tema, ya que esto es algo que también me afecta a mí, pero la buena noticia es que, nuestra aprobación no depende de qué tan bien lo estamos haciendo, sino de la aceptación que hemos recibido en Cristo Jesús.

Esta aprobación debe ser el motivo y el motor que ponga en marcha nuestra voluntad de querer esforzarme para seguir adelante en el llamado que recibí.

Esforzándome cada día, a fin de cumplir con el propósito supremo de saber que un día finalmente se acabarán los obstáculos, los sufrimientos, los dolores, los sinsabores, las lágrimas y finalmente estaré en los brazos de nuestro Señor, como se nos ha prometido.

Te invito a que en víspera de un nuevo año que está finalizando, podamos empezar el próximo, llenos de esperanza y gratitud, poniendo nuestra mirada en Jesús, por lo que hizo y nos dio.

No le importó el dolor y la vergüenza de la Cruz.

Él sabía que su sacrificio sería agradable a la voluntad del Padre, y que también, a través de ese sacrificio, daría vida a todos los que hemos creído en Él, mediante el glorioso mensaje del evangelio.

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